25 de julio de 2015

En ruta

Ahora que el clavo abrasa, y esta cabra no sabe a qué monte tirar. Ahora que mastico el alambrado y arranco astillas de mis párpados en vez de flores. Ahora que esta lágrima vierte barro húmedo en mis sueños, y mi sollozo es solo una colilla más en el cenicero.

Ahora recorro los valles descalzo, sin prisa y con poco aliento. Ahora increpo a los magníficos cronistas del desperfecto ajeno: escuchad el sonajero de mi tripa –les canto–, es el aleteo torpe de las últimas mariposas de este prado.



29 de junio de 2015

Pilares de barro

Fueron los sorbos de vino tinto en vasito de plástico, la dulce embriaguez de una tarde de verano sin prisa. Fue un golpe de guitarra en el puente Vecchio mientras anochecía. Fue rozar la eternidad con la yemita de los dedos ante la proyección infinita de la catedral. Fue por esto que ahora vago indemne arrastrando el morro en las aceras, en busca de aquella luciérnaga plegada ante mí y el brillo de la luna.

Es por ello que aspiré soltar ese instante del resto, para extenderme por encima de la inmensidad del mundo. Esa es la libertad que soñé, por la que guardo y cada noche bajo el edredón esta extraña esperanza de que mañana seguiré latiendo.


23 de mayo de 2015

En derribo

Apenas quiso mantenerse íntegro si afuera todo iba rompiéndose. Maestro de poco aire en el pecho, terapeuta olvidadizo en búsqueda. Cuéntame del vacío y su esquirla, de las manchas de vino resecas en la sábana.

Recuérdame el misterio que envuelve un cuarto antes de abrir la persiana. Extraña criatura de mi reflejo, vuelve a tocar una vez más esa melodía.


3 de mayo de 2015

Entre paréntesis

"La locura es una superstición social" Leopoldo Mª Panero

Menos mal que este curso acelerado de horas deja márgenes. Allí me regocijo durante un instante, así dejo vencer mi peso ante una voluntad externa. Aquel filósofo imaginó que la eternidad es la simultaneidad de todo saber. Yo creí saborear la plenitud fumándonos el último cigarrillo Camel en aquella estación de servicio, a punto de morirme de pena.

Suele haber que asumir cierto grado de inconsciencia para seguir adelante, después de todo.