6 de septiembre de 2016
¿Volveré a escribir?
Tras ojear toda esa
maraña de versos, frases sueltas, párrafos y hojas enteras de vómito, sólo una
pregunta sobrevuela como un buitre este andamio ya oxidado: ¿mereció la pena?
30 de junio de 2016
En la frontera
Arrimas
un poco más el hombro, vuelves a sentir un vértigo letal al mirar hacia atrás.
Tus versos reposan en losas, entre sus grietas han brotado flores aderezadas
con soles y lágrimas. Rozas el filo con la yema del dedo. Las gotas arrastran
su delicado volumen por el cristal, capturan un destello, arrojan estrellas
fugaces.
Continúas tirando de ese diminuto hilo de esperanza que pende y te agarra,
aquel que levita en paisajes donde creíste acercarte a la esencia. Su aroma
huye tras una cola de viento, lo persigues como un náufrago su tabla de
salvación.
La soledad y el miedo son manchas que sólo se quitan con un buen chorro de
lejía sobre el corazón. Cae la tarde, suspiras y exhalas los últimos ramilletes
de polvo que brotan del pulmón. Andas más cerca, no estás seguro, pero estás
más cerca.
19 de marzo de 2016
Volvo 460 II
Las gotitas de café, esas putas lágrimas negras. Domingos en
ruta, trazábamos el mapa sobre una servilleta. Un ramillete de hierba había
brotado entre las grietas de aquella aburrida losa de hace nueve siglos: su
delicado baile al viento es un ejercicio de ingenua esperanza frente a la noble
resistencia de la roca.
Durante el trayecto, canciones tristes de Andrés y Dylan. El
débil tintineo de mi pie sobre el pedal dirige mi pobre búsqueda hacia ninguna
parte. El vaho araña el cristal de este viejo buga, y se coló un poco de
aire en la cicatriz. Mi corazón no es un buen compañero de viaje.
Mi cerebro está sangrando por las punzadas de aguja de mis
limitaciones, pero unos tímidos rayos solares iluminaron el horizonte que tenía
ante mí, tras el volante. Circulábamos al borde del precipicio: a un lado estas
putas lágrimas negras y más allá del vacío un extraordinario apego a la vida.
13 de febrero de 2016
Volvo 460
El cielo está nublado y este corazón también. Un océano de tres centímetros cuelga del amuleto del coche. Su tintineo marca el ritmo de mi delicada forma de pensar en ti. Algunos papeles esparcidos por la guantera esconden las historias que nunca me atreví contar. Tras el cristal, un mundo que desconozco gira. Y, mientras mi cerebro sangra por las punzadas de aguja de mis limitaciones, unos tímidos rayos solares están iluminando el horizonte que tengo ante mí, tras el volante.
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