1 de septiembre de 2015

Conversaciones de altura

Las cumbres son el único reducto del planeta que nunca podrá ser civilizado –arguyó el filósofo–. Esta cima condensa toda la perfección del universo, es sin duda una prueba de la existencia de Dios, comprendía conmovido el creyente. “Unos cuantos ramilletes de hierba bailan con gracia infinita mientras los acaricia el viento”, apunta en su libreta el poeta. Voy a arrancarles el puto tallo para enseñarles a permanecer quietos, qué se creen…, digo yo.



20 de agosto de 2015

Insuficiente

Estallan en tu pelo tres gotitas de esta cerveza agitada por el cruel tintineo de mi verso mediocre. El aire inflamado huye entre la pasarela de hojas de los árboles. 

Desaparecen las últimas luces tras la ventana turbia de este bus urbano, mañana será. Soñé arrancar astillas de mis dedos para hacerte un cesto, pero. No pude. 

Mañana si eso. 

Anochece tras la franja dorada de los edificios. No pude. 

Mañana volverán a recorrer esta urbe pajaritos de alquitrán. Café y Cortázar en el metro. Volveré a sumergirme en la tierna irracionalidad del mundo mientras medito qué hacer. 

Pero, antes, cuéntame de tu vértigo al despertarte... porque igual yo siento lo mismo.

25 de julio de 2015

En ruta

Ahora que el clavo abrasa, y esta cabra no sabe a qué monte tirar. Ahora que mastico el alambrado y arranco astillas de mis párpados en vez de flores. Ahora que esta lágrima vierte barro húmedo en mis sueños, y mi sollozo es solo una colilla más en el cenicero.

Ahora recorro los valles descalzo, sin prisa y con poco aliento. Ahora increpo a los magníficos cronistas del desperfecto ajeno: escuchad el sonajero de mi tripa –les canto–, es el aleteo torpe de las últimas mariposas de este prado.



29 de junio de 2015

Pilares de barro

Fueron los sorbos de vino tinto en vasito de plástico, la dulce embriaguez de una tarde de verano sin prisa. Fue un golpe de guitarra en el puente Vecchio mientras anochecía. Fue rozar la eternidad con la yemita de los dedos ante la proyección infinita de la catedral. Fue por esto que ahora vago indemne arrastrando el morro en las aceras, en busca de aquella luciérnaga plegada ante mí y el brillo de la luna.

Es por ello que aspiré soltar ese instante del resto, para extenderme por encima de la inmensidad del mundo. Esa es la libertad que soñé, por la que guardo y cada noche bajo el edredón esta extraña esperanza de que mañana seguiré latiendo.