7 de octubre de 2015

Crónica matutina




















Trece diminutas esferas de polvo levitan tras la cortina. Su ceremonioso desfile es un sonajero mudo, la llaga de una herida casi imperceptible. Un hedor delicioso brota del piso de abajo, así que debe ser ya la hora de comer. Cinco rayos de sol penetran con delicadeza en la habitación, como queriéndome retirar el moho de los párpados. Afuera, unos treinta y dos pajaritos de alquitrán posan su vientre en los aledaños de la terraza de un bar.

Los números cuadran y la realidad recorre coqueta esta área, sí, pero una sombra detrás de su velo está arrastrándonos a un rincón sin luz. Un eco sordo está dejándome nada… Tenías razón, hay portazos que suenan mucho más cuando no se dan.

18 de septiembre de 2015

Ludópatas

Veré mi rostro reflejado en ese charco para contemplar la vida desde otro centro. 

Lluvia, café, mi porción de planeta, una piedra y tú. Esta búsqueda de un Cielo a ras de suelo. Me arrastro a la pata coja por la acera, pensando a qué casilla tengo que llegar. Sí, este juego de la rayuela tiene mucho más sentido que nunca, así que golpea tu guijarro con la puntita del zapato, juguemos-vale-por-qué-no. E hinchémonos la barriga de cerveza y anchoas, neumático, búsqueda, búsqueda. Hasta el fin de los tiempos, sí, y no me digas loco, ya ves que no sé muy bien cómo vivir, pero hemos escrito juntos una novela fantástica.



1 de septiembre de 2015

Conversaciones de altura

Las cumbres son el único reducto del planeta que nunca podrá ser civilizado –arguyó el filósofo–. Esta cima condensa toda la perfección del universo, es sin duda una prueba de la existencia de Dios, comprendía conmovido el creyente. “Unos cuantos ramilletes de hierba bailan con gracia infinita mientras los acaricia el viento”, apunta en su libreta el poeta. Voy a arrancarles el puto tallo para enseñarles a permanecer quietos, qué se creen…, digo yo.



20 de agosto de 2015

Insuficiente

Estallan en tu pelo tres gotitas de esta cerveza agitada por el cruel tintineo de mi verso mediocre. El aire inflamado huye entre la pasarela de hojas de los árboles. 

Desaparecen las últimas luces tras la ventana turbia de este bus urbano, mañana será. Soñé arrancar astillas de mis dedos para hacerte un cesto, pero. No pude. 

Mañana si eso. 

Anochece tras la franja dorada de los edificios. No pude. 

Mañana volverán a recorrer esta urbe pajaritos de alquitrán. Café y Cortázar en el metro. Volveré a sumergirme en la tierna irracionalidad del mundo mientras medito qué hacer. 

Pero, antes, cuéntame de tu vértigo al despertarte... porque igual yo siento lo mismo.